En nuestro país las técnicas del tejido a dos o varias agujas ( jersey, tricot, punto) o con ganchillo (crochet) , fueron excluidas de la gestión profesional del arte popular desde los tiempos fundacionales del campo. En el presente los fiscales y los reglamentos de las ferias artesanales del país la aceptan con determinadas condiciones: si la lana es hilada a mano o si las autoras pertenecen a un pueblo originario. Por otra parte la mayoría de las piezas tejidas con agujas o ganchillo no cumplen plenamente los requisitos establecidos para ser consideradas artesanías tradicionales ni tampoco una artesanía urbana. Pero lo cierto es que son muchas las mujeres de la cultura “urbana” que practican el tejido con una o varias agujas por razones diversas que incluyen el beneficio económico pero también las dimensiones lúdica, estética y poética de la vida social.
” Como tejedora experimenté todo lo que se siente: fluir la creatividad, compañía de ese objeto que crece, interés por volver a tomarlo entre las manos para continuarlo, “adicción” a ese movimiento continuo, que punto más punto e hilera más hilera , da como resultado algo que anhelaba a ese movimiento continuo, que punto más punto más punto e hilera, da como resultado algo que anhelaba ” ( Claudia V. de Hilo conductor)
Muchas han accedido al dominio del oficio a través de sus madres y abuelas. Otras son autodidáctas o han aprendido con otras tejedoras expertas. Sus repertorios incluyen mantas, accesorios y prendas de vestir, juguetes y adornos, etc. Se inspiran en los patrones de revistas especializadas o en los programas de TV. Por eso se los considera propio de la categoría manualidades o se los incluye en la de “labores femeninas” aunque hay cultores varones y muy buenos. En muchos casos se observa una genuina creación según diseños propios y un dominio experto de la técnica, de la selección y combinación de los materiales y los colores. La creatividad de estas mujeres es visible para una red acotada de familiares y amigos. En ocasiones se amplia esta red porque las tejedoras se reúnen – “tertulias o grupos de punto” - en los hogares, parroquias, centros culturales, plazas, comercios del ramo, para tejer juntas para sus familias y también como trabajos solidarios. No obstante esta baja visibilidad ha comenzado a modificarse.
A través del blog y el correo electrónico en la Internet y la cámara digital comparten sus diseños y sus obras, sus secretos técnicos y se premian y estimulan entre ellas. No es un fenómeno social y cultural exclusivo de nuestro país. Los tejedores de aguja se autogestionan a nivel global para tener su lugar en el imáginario social. Inventaron el Día del tejido en público. El evento, que se celebra el segundo sábado de junio, fue creado en 2005 por Danielle Landes en Los Ángeles y rápidamente se reprodujo en varios lugares del mundo, alrededor de 200 para 2007. En nuestro país varias tejedoras desde sus blogs convocaron para el sábado 14 de junio último: “nos encontraremos en la Plaza San Martín, de la zona de Retiro, en la parte que da sobre Libertador, detrás del monumento a los Caídos en Malvinas. Desde las 12 hs en adelante. Como esta haciendo bastante frío, estaremos aproximadamente hasta las 14 y luego nos mudaremos al McDonalds de la calle Florida 935. Ojala puedan acercarse muchas a tejer, de todas maneras lo importante es tejer en publico donde sea y como sea”.
Sería interesante comenzar a ponerles atención desde la gestión cultural a fin de reflexionar en que sentido sus repertorios, diseños, saberes y prácticas pueden ser valorados dentro de las fronteras móviles de lo que se considera en cada época patrimonio cultural de nuestro país en general y de la ciudad de Buenos Aires en particular.
A.C.





